No estamos tan lejos
Durante años he estado viviendo una farsa. No he sido feliz ni me he rodeado de personas que realmente me quisieran ni merecieran la pena. Me rodeé de adiciones. Adiciones al alcohol sobre todo, pero también al tabaco, marihuana, speed, MDMA o pastillas.
Todo es divertido, o parecía serlo, cuando era mucho más joven. Y era gracioso llegar al finde y emborracharse hasta perder el conocimiento. Y caerte. Pero siempre había alguien que se caía peor que tú, siempre hay alguien más personaje que hace que te engañes a ti mismo porque "yo no soy tan así". Lo era y lo soy.
Durante años creía que beber un chupito tras otro, inflarme a porros viendo el fútbol o meterme medio gramo de speed en 12 horas y no dormir en un día era divertido y me hacía feliz. Era divertido, pero ya no lo es. Ahora estoy pagando las consecuencias de no tener consciencia sobre mí mismo ni de aquello que me rodeara. De ser lo que yo llamo, un auténtico personaje.
He tenido dos accidentes de coche por ir borracho, me han multado por llevar speed, haber consumido marihuana o MDMA. Me han partido una pala y he perdido innumerables móviles, carteras, chaquetas y dignidad. Sobre todo dignidad de no haber estado consciente de aquello que estaba pasando, de luego contarlo entre risas, minimizando el problema y haciendo ver que era hilarante y lo tenía controlado.
Salvo los porros, no he sido un consumidor diario de ninguna de las sustancias que he mencionado, de ahí el autoengaño. Inflarte durante un festival y que te sangre la nariz de llevarla seca por el speed, que te de un amarillo o coger paranoia con que te habías comido una uña y el trozo se te hubiera ido al pulmón. Y seguir. Seguir después porque todo daba igual, por rodearme de gente que hacía lo mismo y que, en verdad, todo diera igual.
Se pasa factura. Se pasa factura al estar mal contigo mismo y que pasen los años, que ya no seas tan joven y se te cruce la vida con responsabilidades, alquileres y aclarándote a la idea de que aquello, después de moretones por caídas y una gastritis crónica, no era quererte, ni ser feliz, ni aquello por lo que estudiaste, soñaste o querías hacer con tu vida antes de haber empezado todo este proceso. Por perder gente que te hacía mal y quedarte literalmente solo al no saber gestionar una red de amistades sana que te brinde algo de apoyo cuando la cosa se pone fea. Solo otro chupito u otra raya. De que la muerte de un familiar, la ruptura con una pareja, un trabajo que se va al garete o ese casi algo se convierta en una inflada de estupefacientes, alcohol y desdibujarse a uno mismo hasta perder la consciencia del problema, de olvidar aquello por lo que en verdad estás mal.
Soy serio partidario de que poca gente es feliz en sí. Que a todo el mundo, viendo caso por caso, le falta un espacio vital importante en su vida. La diferencia es afrontarlo y no inflarte un domingo por la mañana a vino y no llegar a la comida.
Este fin de semana recibí la noticia de que debía tener una conversación incómoda con alguien, una conversación, de verdad, yo debería haber tenido antes. Para cerrar un círculo y empezar de cero. Decidí emborracharme yo solo, el viernes por la noche, mirando el móvil en cuatro bares diferentes, sin entablar conversación con nadie. Me fui al pueblo y no hablé con mi familia, no fui a visitar a mi abuelo. Esperé a tener esa conversación para irme al bar e inflarme a cerveza, orujo de hierbas y gintonics hasta perder la consciencia. Me desperté y me fui a la terraza, sin pensar en nada, a beber vino yo solo. Hasta que me puse ha hablar por whatsapp con diferentes personas, a las cuales aprecio de una manera u otra (amigos, compañeros de trabajo), para decirles que me iba a Argentina a vivir. Después un borrón inconexo hasta el próximo recuerdo: Yo en el río, metiendo la mano en el agua y haciendo ondas. Después de eso, la nada. Me salí con el coche y me tuvieron que recoger unos vecinos que subían a mi pueblo. No recuerdo ni qué les dije en el coche. Y después otra vez la nada. Llamé a un amigo en la acera de mi casa y me desperté a otro día en la cama, a las 9 de a mañana, sin gafas, sin coche, sin esperanzas y con el cuerpo dolorido. Me emborraché hasta el balckout y la muerte de la consciencia.
¿Por qué? Pues porque soy adicto. Porque soy gilipollas y no se me ocurrió nada mejor que hacer que joderme la vida. Porque durante 20 años he tenido un problema que no he sabido ni ver, ni tratar, solamente lo he alimentado y estoy pagando la factura. En este blog espero plasmar y darme cuenta el porqué y el cómo he llegado a esta situación. Este es un blog terapéutico a mi alma y ser. Esto se tiene que quedar registrado, no como símbolo de victoria o derrota, sino como un nuevo comienzo. Y si, por el casual, alguien llega estando aquí en la misma situación en la que me encuentro, le pueda servir. Espero amiguito que no digas "menudo personaje", porque ya sabes, es lo que decía antes de reventar mi coche contra un almendro. No estamos tan lejos hermano.
Comentarios
Publicar un comentario